La patología principal que sufre el edificio se encuentra en los frentes de los forjados de las terrazas, que se encuentran muy deteriorados, así como las piezas de piedra artificial fracturadas y con desprendimientos, situación que supone un riesgo muy alto para los propietarios.
La patología que presentaban las fachadas del edificio es muy habitual en este tipo de material utilizado en los frentes de los forjados de las ménsulas de las terrazas, debido a que presentan armaduras y éstas acaban oxidándose y reventando el mortero.
El problema es la cercanía del mar, que genera un ambiente muy agresivo químicamente, combinado con el paso del tiempo y los materiales elegidos.
Los elementos de piedra artificial utilizados en origen en la fachada del edificio se componían de una masa de mortero blanquecino, que daba cuerpo y forma a la pieza, y en cuyo interior se alojaban unas armaduras de acero que le aportan rigidez.
El problema es que debido a la porosidad del material y a la humedad del ambiente marino, estas armaduras tienden a oxidarse con rapidez, lo que genera un aumento de tamaño de las mismas que acaba por reventar el mortero, fisurando y agrietando la pieza.
Esta circunstancia le ocurría de igual modo al frente de los forjados, que presentaban la misma patología en el hormigón armado de los mismos. Estos dos problemas se combinaban y provocaban un deterioro altísimo en estos frentes de balcones.
Del mismo modo, muchas de las ménsulas de los pórticos de la estructura, que sustentaban los balcones, se encontraban también deterioradas con el hormigón carbonatado y sus armaduras oxidadas, por lo que requerían ser intervenidas para repararlas.
Además de estos elementos estructurales generalizados, se intervino puntualmente en algún pilar y zuncho para su reparación.

